[Editorial] Homicidios en Quillota: ¿Cuántos más deben morir?

COMUNAS NACIONALES Quillota

El triple homicidio ocurrido la madrugada de este miércoles vuelve a poner en evidencia una realidad innegable de nuestra comuna: la violencia se ha instalado con fuerza en Quillota y la reacción de las autoridades sigue sin llegar. Este hecho delictual no solo suma tres nombres más a la lista de víctimas. Es, ante todo, el reflejo de un problema que crece a plena vista de todos: la expansión del crimen organizado y la pérdida del control territorial por parte de las instituciones encargadas de resguardar la seguridad.

Ya son seis los homicidios en lo que va del año en una comuna que, hasta hace poco, era sinónimo de vida tranquila. Hoy, Quillota aparece en los noticieros por disparos, ajustes de cuentas y operativos que llegan siempre después de la tragedia. El triple crimen ocurrido en la población Río de Chile, vinculado al tráfico de drogas según confirmó la Fiscalía, revela un escenario donde las armas y la impunidad se vuelven parte del paisaje urbano.

Mientras las investigaciones se suceden y los equipos especializados levantan evidencias, la pregunta se repite: ¿dónde están las policías cuando los barrios viven bajo la amenaza de bandas rivales? ¿Dónde están las políticas públicas capaces de contener una violencia que avanza sin freno?

Te puede interesar: Gary Medel enfrenta escándalo amoroso tras filtrarse mensajes eróticos con otra mujer

No se trata solo de cifras ni de delitos aislados. Se trata de vidas truncadas, de familias que hoy lloran, de vecinos que ya no duermen tranquilos. Y de un Estado que, una vez más, parece llegar tardePorque cada bala disparada en Quillota no solo perfora una pared o un cuerpo: daña la sensación de seguridad que alguna vez tuvo esta ciudad. Y frente a eso, el silencio institucional se vuelve cómplice.

Pero la indiferencia también mata. Mata cuando se normalizan los disparos, cuando se acepta vivir entre el miedo y la resignación. Mata cuando los responsables políticos miran hacia otro lado mientras las calles se tiñen de sangre. No podemos seguir acostumbrándonos a la violencia y a naturalizar las muertes por ajustes de cuentas. Porque si eso ocurre, el crimen no solo habrá ganado las calles, también habrá vencido a la esperanza.